
Yo discrepo con Bertolt Brecht porque no hay hombres imprescindibles, sino causas imprescindibles, caminos imprescindibles. La historia es una construcción tremendamente colectiva. Y en eso andamos, cada cual aporta su granito. Quienes no cultivan la memoria, no desafían al poder. Es una herramienta más para construir el futuro, que pese a quien le pese es nuestro, porque no nos pudieron derrotar.
No se privó de tirarnos con todo (y no con flores, precisamente) el Pepe a los argentinos, hace un tiempito. Hoy es el presidente electo de la República Oriental del Uruguay, y es hora de olvidar agravios y de festejar. Quizás tanto o más que por simpatía o afinidad ideológica, por el retroceso que hubiera significado para la región el triunfo de su contrincante.
No soy de los que miran con envidia el "funcionamiento de las instituciones" (muchísimo menos esto), la "política civilizada" o la ausencia de "populismo" del otro lado del charco. Hay dos cosas que sí les admiro a los hermanos uruguayos: una, su escasa o nula tendencia a la "crispación" (bueno, hay excepciones); y la otra, la capacidad de construcción política del Frente Amplio, desde su formación en 1971 hasta la fecha. Algo que las izquierdas de este lado del río parecen condenadas a no adquirir jamás. Y una enseñanza también para el peronismo, gran parte del cual se ha dedicado desde la muerte de su fundador a dilapidar su legado.
De todos modos, hoy quiero rescatar una entrevista que Martín Granovsky le hizo a Mujica durante su visita con motivo de los funerales de Raúl Alfonsín. En la que Pepe muestra su pensamiento estratégico para su país y la región, y lo entronca con el legado del prócer más injustamente olvidado en este lado del Río de la Plata: Don José Gervasio Artigas.
"Nunca tuvimos una barra más amiga"
por Martín Granovsky
Puede hablar de todo, incluso de Historia, y Artigas lo pierde. “Todos lo reivindicaban como un prócer, pero estaba escondido el reglamento de tierras y recién lo encontraron en España en la década del ’20”, dice José “Pepe” Mujica, precandidato del Frente Amplio para las elecciones presidenciales del 25 de octubre en Uruguay. “Artigas quería entregar tierras y hacer una agricultura moderna, como en los Estados Unidos o en Nueva Zelanda”, dice este hombre de 75 años que pasó 14 en la cárcel, vive en una chacrita al sur de Montevideo y no quiso dejar de venir a Buenos Aires para rendirle su homenaje a Raúl Alfonsín.
(...)–Para quienes estamos en la lucha política, las ideas de integración responden a una necesidad. Pero tienen que ser ideas concretas que no se queden en un grupito. Si la integración todavía no tiene calor de masa es culpa nuestra. No pudimos traducir las ideas y machacarlas. El mundo está en crisis. Las regiones se juntan. Y nosotros, ¿qué vamos a hacer? Todos juntos, incluso con Brasil, somos el 5 o el 6 por ciento del mundo. Es poco. Por eso no tenemos alternativa. O nos integramos o nuestro destino es el peor: Africa. Es como dijo Perón sobre el siglo.–Ya estamos: Perón habló del XXI.
– Sí. Dijo que nos encontrará unidos o vencidos. ¿Sabe por qué no puede fallar? Porque no hay más tiempo. Estuvimos en el velorio de Alfonsín. Reflexionemos. El período que empezó con la caída de Alfonsín fue el del auge del neoliberalismo. El Mercosur fue fenicio. Y bueno, sólo con el comercio nunca nos vamos a integrar. Con suerte se van a integrar sólo los comerciantes. Yo siempre lo digo en Uruguay: en América latina nunca tuvimos una barra más amiga. ¿La vamos a desaprovechar? ¿Vamos a construir una industria nuclear uruguaya? ¿Vamos a empezar de cero? ¿Vamos a hacer lo que la Argentina y Brasil ya tienen? Es ridículo. Nos juntamos con la Argentina y Brasil y listo. Lo nuestro es la ciencia.
–¿Con qué plan?
–Los europeos tienen 15 investigadores cada mil habitantes. Nosotros tenemos mil en total. Para seguir la tasa europea deberíamos tener 15 mil. En este mundo China va a venir comprando. Con una parte de su dinero calza los bonos del Tesoro norteamericano. Con otra parte de ese toco de dólares va a salir a comprar. Vendámosle. Somos la última reserva agrícola del mundo, agua dulce incluida. Seríamos torpes si no nos diéramos cuenta. Hoy hay crisis, pero igual para el 2030 el mundo necesitará el doble de comida.
Aparece de nuevo Artigas, con su Reglamento provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de su campaña y Seguridad de sus Hacendados, que los curiosos pueden ubicar en Internet. Recita Mujica que se distribuirían las tierras de “los malos españoles y peores americanos”, es decir de los que emigraban por las luchas de independencia, y cuenta que Artigas buscaba un alto nivel de organización también para el cuidado de las cabezas de ganado. De Artigas a la biotecnología hay un paso:
–Estamos haciendo un arroz amarillo, con caroteno. Muy sano. Le sacaron dos genes a la flor de narciso y se la encajaron al arroz. Eso es biotecnología de alto nivel. Es nuestra. No puede estar en manos de las transnacionales. Es cosa de los gobiernos. En Uruguay los laboratorios inventaron una forma de hacer ratones iguales.
–¿Para qué?
–Justamente para el uso en laboratorio. Juntemos todo entre los vecinos. Nosotros mismos somos un mercado. Y está el mundo. Vendámosles inteligencia. Uruguay no es la Argentina, que tiene de todo. No puede comerse toda la carne. Tenemos que exportarla, porque con esa carne compramos petróleo. Pero apostamos a la ciencia y queremos hacer la apuesta junto con todos los amigos. La gente espera soluciones concretas de nosotros. Lula no hizo la revolución, pero hoy comen en serio 40 millones de brasileños más. Mirado de afuera, desde la política sin gente, alguno dirá que es poco, pero que se lo explique al que antes no comía y ahora come. A mí los locos pueden decirme que no soy revolucionario y pedirme que endurezca mi discurso. Yo les digo: en los países escandinavos, por ejemplo, no hubo revolución. Hubo una reforma permanente. Y pregunto: ¿la gente vive mejor o no? Entonces no demos vueltas.
(La foto está sacada de aquí)



